Mi hermana me miraba sin saber qué hacer, yo tampoco lo tenía muy claro, pero no pensaba demasiado en nada, solo rememoraba la fiestecita de mamá con los esos negros apestosos y eso me mantenía furioso y excitado. Avancé y la sujeté con fuerza por los hombros, la acerqué a mí, estando pegados sentí que debía besarla, pero no lo hice, finalmente la arrojé sobre mi cama, Celeste me miraba, sin decir nada, conteniendo el aire, si alguno de los dos hubiese hablado seguramente no se qué habría pasado. Con ella tumbada sobre la cama, tiré de la tanguita diminuta que usaba para dormir y se la quité, no hubo resistencia alguna por su parte, solo expectación, su espectacular culo quedo tapado solo por el camisón transparente de tul, sumamente escotado que llevaba. Llevé mis brazos a su espalda y los bajé para apretar las irresistibles nalgas y su mano se encontró con la mía, nuestros ojos también se cruzaron, no quería que parase, pero tampoco estaba lista para que aquello pasase, s...
El Templo del Morbo: Un mundo de fantasías para adultos...