Mi madre siempre fue una mujer muy especial. Inocente, muy
buena, amiga, compinche. Pero desde que papá se fue de casa todo cambió.
Estaba triste, lloraba cuando creía que yo no la veía, fumaba
mucho, me miraba con ternura y lástima.
Era más interesante que bella. Pelo negro azabache, ojos
azules oscuros, muy buenas tetas, cintura bien ceñida y lindas piernas.
Pero era por esa inocencia que era codiciada, pero ella nada.
Nos tuvimos que mudar por problemas de dinero, ya no podía
mamá mantener el gran departamento que había dejado papá.
Fuimos a un pequeño departamentito en un barrio de clase baja
y allí comenzó la odisea.
El primer día, me sacó a conocer el barrio. Parecía que era
tranquilo. Fuimos al autoservicio a comprar comida y cuando volvimos había
sentados en la puerta del condominio dos tipos de unos 45 años. Eran muy negros,
uno pelado con una barbita candado bastante larga y el otro con el cabello muy
ondulado y largo. Estaban con una botella de cerveza y ni bien nos vieron
acercarnos clavaron los ojos en mamá.
Bárbara, tal es el nombre de mi madre, tiene 34 años, aclaro
que esto sucedió hace unos 4 meses, y suele andar más en pollera que en
pantalón.
Estaba ese día con una pollera azul un poco mas arriba de las
rodillas, y con una blusa blanca que dejaba transparentar el corpiño blanco que
tenía.
Uno de los negros, el pelado, saludó a mamá cuando
entrábamos. "Buenas tardes linda".
Mamá no contestó. Cuando terminamos de subir los 8 escalones
hasta la puerta de entrada al edificio escuchamos "Por Dios, que culo precioso
que tiene esta madre".
Mamá me tomó fuerte de la mano y me metió dentro del pasillo
de entrada.
Esa noche casi no pudimos dormir por la cantidad de ruidos
que había. Se escuchaban peleas, música, gritos, de todo.
Mamá lloraba en silencio mientras lavaba los platos de la
cena. Era evidente que deseaba otra vivienda para que estuviéramos pero era
imposible pensarlo siquiera.
Pasaron dos días, los negros estaban todas las tardes
sentados en la puerta.
Esa noche fuimos a última hora con mamá al supermercado
porque terminó tarde el trabajo de costura que hacía en casa.
Ella estaba tan apurada por salir temiendo que cerrara el
local que se dejó una pollera blanca que usaba en casa. Era mas corta que las
habituales de salir. Arriba tenía una remera roja apretada que le marcaban esas
enormes tetas que tiene.
A la vuelta allí estaban los negros que a la ida los había
visto comprando cerveza en un kiosco.
Cuando la vieron uno se levantó, el de pelo largo y parándose
frente a ella le dijo "Madre, salúdanos linda, no seas maleducada".
El otro se inclinó, casi acostándose en el suelo para verla
por debajo y dijo "Ay mamita, que hermoso ojete que tenés. Que bien te queda esa
tanguita negra. Déjanos que te lo comamos por favor".
Mamá apretándose la pollera contra los muslos para evitar que
viera mas y con cara de fastidio les dijo : "Por que no se dejan de molestar!!!
No ven que estoy con mi hijo y está escuchando esas barbaridades que dicen?
Termínenla o llamo a la policía".
El que estaba en el piso dijo "A la policía? Acá? Jajaja,
buscame un policía y te dejamos. Aparte nosotros te queremos comer el culo a vos
no a tu hijo," mamita.
Ella me apretó la mano y casi de un tirón me introdujo en el
edificio.
Se la notaba alterada y se le cayó el vaso que tenía en la
mano cuando sintió el timbre de casa.
Era la vecina. Doña Marta. La única con la que mamá se
saludaba.
Le pidió si tenía café porque al marido se le antojó tomar y
nunca lo hacían.
Mamá enseguida la hizo pasar y le dio un poco en un vaso.
Le comentó lo de los negros de la puerta y vio como Doña
Marta ponía cara de espanto.
"Son gente de mal vivir. Siempre están ahí pues no hacen
nada. Solo tomar cerveza, vino, ron y no se les conoce ocupación. Se dice que
viven del robo, pero como la policía no se ve por acá tienen vía libre para
hacer lo que se les da la gana. No quiero preocuparte hija, pero cuídate".
Dio media vuelta, le dio las gracias por el café y se fue
como si hubiera visto al diablo.
Los días siguientes eran iguales, con la diferencia que le
decían cosas más asquerosas a mamá.
Llegó el viernes. Mamá había tenido poco trabajo esa semana.
Fuimos mas temprano al auto servicio y a la vuelta allí
estaban.
El pelado la tomó a mamá del brazo y le dijo en forma
terminante "Vamos a hablar".
El otro se puso al costado, y agregó "Sin resistencia".
Mamá estaba muy asustada. Me miró y me dijo "Edy, entra al
edificio y espérame allí".
Yo estaba temblando del miedo. Los negros tenían una cara que
daba terror, estaban serios y amenazantes.
El de pelo largo me abrió la puerta sin dejar de mirar a
mamá. Me quedé parado contra la pared y de allí escuché.
"Ya estamos cansados de decirte cositas lindas y que vos nos
trates como basura".
Sentí ruidos, silencio, y la voz de mamá "Déjame porquería.
Que se creen......".
Otra vez ruidos y de nuevo mamá "Salgan hijos de puta. Basta
o grito".
"Muy bien. Julio, agarrá al pequeño y tráelo para que
entonces grite por un buen motivo". Dijo uno de los tipos. Por la voz, era el
melenudo.
"No se metan con mi hijo degenerados".
"Ahora nos entendemos mejor. Entonces vos decidís. Sería una
pena que tan lindo chico termine con un tajito en la carita".
Sentí el llanto de mamá, ruidos y silencio.
Yo también lloraba. Pero ese silencio me dio miedo. Por eso
me asomé un poco y por el vidrio de la puerta los ví.
Mamá estaba contra la pared. El pelado la abrazaba por la
cintura. Ella tenía las manos contra el pecho de él como para que no avance más.
La empezaba a besar en la boca. El melenudo, al costado, la
comenzó a besar en el cuello luego de separarle los largos cabellos.
El pelado bajaba las manos hasta llegar a las nalgas y
comenzó a levantarle la negra pollera.
Ella dijo "Basta por favor, no puedo".
El pelado le dijo "Acá no podes, pero en tu casa seguro que
si. Vamos".
Mamá le dijo espantada: "Están locos!!!!".
Antes que continuara el melenudo le dijo "Bueno, vamos a
buscar a tu hijo para que opine que conviene mas".
"No por favor. Está bien, vamos pero a él no le hagan nada.".
Me metí adentro, contra la pared y entraron.
Mamá estaba con los ojos llenos de lágrimas y ellos con una
sonrisa maléfica atrás mirándole el culo y relamiéndose.
No dije una palabra. Me tomó de la mano y los cuatro subimos
a nuestro departamento.
Apenas entramos, el pelado cerró la puerta con llave y la
guardó en su bolsillo.
Le pidieron algo fuerte para tomar. Mamá caminaba como un
robot. Sacó una botella de vino que tenía guardada y se las dio.
Se sentaron en un sofá y desde allí le dijo el melenudo
"Dormí al nene y ponéte ropita más cómoda que te esperamos".
Mamá me llevó a mi habitación y luego de acostarme me dijo
"Dormite hijo que todo estará bien. Por favor, escuches lo que escuches no te
levantes".
Salió y al rato volvió a verme.
Me hice el dormido. La ví con un camisón largo blanco que le
dejaba ver la tanga blanca que llevaba.
Agarró unas toallas de la cómoda. Me dio un beso en la frente
y salió cerrando la puerta.
Al rato, como no sentí nada, me levanté.
Abrí la puerta muy despacio para que no hiciera ruido. El
comedor estaba todo apagado.
Ví la puerta de la habitación de mamá con la puerta
entreabierta y me tuve que esconder tras una silla al ver que uno de los negros
salía del baño.
Era el melenudo. Estaba desnudo con un enorme pene que le
bamboleaba entre las piernas mientras caminaba hacia la habitación.
Volvió a dejar la puerta entreabierta. Lo suficiente para que
me acercara y viera.
Estaban los tres en la cama. Mamá en el medio con el camisón
todo levantado, de costado con el melenudo delante. El pelado estaba atrás
apoyándole en el culo su gruesísima pija.
El melenudo la besaba con frenesí en la boca y ahora le
sacaba el camisón y le comenzaba a chupar las tetas.
Mientras mordía los pezones de mamá, la pija la tenía como un
tronco, durísima.
El pelado empujaba su monstruoso pene contra el culo de mamá.
Le arrancó la tanga rompiéndola de los costados y le abrió los cachetes con las
manos comenzándole a chupar el agujero del culo.
Mamá decía que basta pero de repente le tomó la cabeza al
melenudo y le tiró de los pelos.
El pelado le metía la lengua dentro del culo, mientras su
dedo se metía en la vagina.
El melenudo estaba prendido de las tetas y con una mano la
tomó del cuello apretando.
Mamá se quería sacar eso, se sentía asfixiar. Le aflojó.
Ella ni notó cuando el pelado se levantó y fue a la cómoda a
agarrar un franco con crema que allí había.
Volvió a la cama y con un dedo le en cremó la entrada del
agujero del culo.
Mamá luchaba con el melenudo que al ver a su compañero que le
hizo un gesto la apretó contra él.
El pelado le levantó una pierna apoyándola sobre las piernas
del otro que besaba a mamá para distraerla.
Apuntó su gruesísima pija en el culo de mamá y comenzó a
empujar.
Fue desgarrador el grito de ella cuando la pija comenzó a
entrar.
El melenudo la apretó más fuerte y le dijo "Bueno, bueno, ya
está. No pensarías que no comeríamos al divino culo que tenés no? Ya está
mamita, ya entró."
Se reía el hijo de puta, mientras a mamá los ojos parecían
salírseles de las órbitas.
El pelado con esfuerzo ya le había metido mitad de pija en el
pobre culo de ella.
Mamá lloraba y trataba de gritar pero estaba muy sujeta y con
la boca tapada por la mano del melenudo que muy despacio empezó a enfilar su
larga pija a la vagina.
Ahora fue el fin del mundo para mi pobre madre.
Estaba de costado empalada por los dos agujeros por dos
bestiales pijas que destrozaban lo que se les ponía en su camino.
Los negros se movían metiendo y sacando, gimiendo. El pelado
le dijo al otro. " No sabes lo que el culo este!!! La asquerosa esta me parece
que se va a hacer encima, pero se lo voy a taponar todo".
El melenudo la besaba en la boca mientras le perforaba la
vagina con su larga pija.
Mamá estaba bañada en lágrimas y sudor.
No aguantaba ese martirio.
Estuvieron un rato muy largo rompiéndola. El pelado acabó
primero llenándole el culo de leche y enseguida se vino el melenudo.
Estaban ahora los tres boca arriba. Ellos fumando y
guiñándose el ojo y ella como paralizada mirando el cielorraso.
Hasta que el melenudo la comenzó a besar en la boca y le
decía "mamita, ahora me vas a dejar a mi un poquito tu precioso ojete abierto.
Te lo voy a clavar hasta los huevos".
Mamá solo dijo "No". Pero ya la estaban acomodando de nuevo
de costado. Esta vez, el melenudo quedó atrás y el pelado delante que la apretó
contra él.
El pelado le subió la pierna llevándola contra él y el otro
comenzó a meterle la pija.
Mamá bramaba del dolor pero estaba muy agotada para ofrecer
la más mínima resistencia.
Tenía la mitad de la pija en su culo cuando el pelado comenzó
a meterle la de él en la vagina.
Era de terror verla allí. Sufría mucho, lloraba.
Se movían a gran ritmo metiendo y sacando sus pijas del
destrozado cuerpo de mi madre.
El pelado la agarraba del cuello mientras le rompía la vagina
y gozaba viendo como ella se sentía asfixiada.
Esta vez mamá se hizo encima, ocasionando risa de ellos.
El melenudo le dijo "Puerca, mirá lo que hiciste. Te voy a
tapar el culo para siempre".
Le metió la pija de una vez en el culo hasta los huevos. Mamá
se desmayó.
Con ella sin conocimiento la siguieron cogiendo hasta
llenarle los dos agujeros de leche.
Me fui a mi habitación. De allí escuché que fueron al baño y
después la puerta de salida.
Después de cerciorarme que no estaban fui a la habitación de
ella y me quedé a su lado.
Despertó cuando la estaba acariciando en la cabeza luego de
taparla con la sábana.
Me miró y se largó a llorar. Nos abrazamos y lloramos juntos.
Cada tanto vienen los negros a romperlas pero ahora
aparecieron dos amigos nuevos. Tan monstruosos como ellos, pero eso es otra
historia.

Espero la continuacion. Gran relatos
ResponderBorrarSegunda parte por favor
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