Mi madre tiene una tía que se llama Amalía y que esta casada
con un hombre que tiene casi 77 años de nombre Roberto; él mismo que se trinco a
Claudia, mi madre, en el baño y que después viajo con la excusa de unos
supuestos asuntos de negocios, para volvérsela a coger, como conté en el
testimonio de "Madre
Puta II".
En realidad son tíos de mi madre, míos son tíos abuelos, pero
por generalidad los llamamos tíos, tanto el resto de la familia, como yo.
La tía Amalia es una mujer mayor, de alrededor de 58 años,
con unas tetas muy grandes (como casi todas las mujeres de la familia de mi
madre) y algo caídas, pero al ser tan grandes, pasan desapercibidas que estén un
poco caídas, lo único que cruza por la mente al verlas, son las ganas de
chuparlas y morderlas, y si están algo caídas apuntalárselas con mi pija.
También tiene un par de piernas bastante apetecibles y un culo de ensueño.
Digamos que para la edad que tiene esta barbara y que ningún hombre le negaría
un polvazo.
Mi tío Roberto, hace tres meses más o menos, nos propuso a mi
tía, mi madre y a mí, que saliéramos a pasar el fin de semana largo de pascuas a
la costa. Aceptamos con gusto la invitación, ya que no íbamos a pagar nada y nos
serviría para distraernos de la ciudad, el trabajo y el estudio.
Llegamos a la playa y nos instalamos, mi madre y yo en un
cuarto y mis tíos en otro.
Los dos primeros días, nadamos, paseamos, fuimos al casino,
no divertimos bastante, pero me dí cuenta que Claudia no quería pasar todo el
tiempo conmigo, que más bien quería salir sin mí.
Por tal motivo, una tarde salí a recorrer las playas, pero al
detenerme en un parador para pedir un trago, me percaté que no llevaba mi
billetera, por tal motivo, volví a mi habitación del hotel, y al entrar me
sorprendieron unos gemidos ahogados que provenían del cuarto de mis tíos, dado
que mi madre no estaba en la habitación, y de que los dos cuartos a pesar de
estar separados, compartían el baño, la idea de que se estén garchando a mi tía
comenzó a pararme la pija, y decidí espiarlos.
Entré al baño y sigilosamente para no hacer ruido y ser
sorprendido, abrí la puerta que comunicaba a éste con el cuarto de ellos.
¿Y cual fue mi sorpresa? Que no etaba viendo a mi tía
cogiendo, sino que estaba viendo a mi madre chupándole la pija al geronte su
tío, movía su lengua sin parar recorriendo la verga del tipo.
Por fin paró y le dijo a Roberto: -Ya fue suficiente para
vos, ahora haceme gozar a mí, haceme sentir una puta barata, una zorra que
quiere poronga a toda hora, apurate que no tarda en venir mi hijo.
Mi madre se subió la pollera hasta la cintura, se puso en
cuatro patas y empezó a ser garchada por mi tío que la tenia agarrada de la
cintura, penetrándola a todo galope, mientras mamá gemía y se retorcía cerrando
sus ojos y diciendo: siii, cogeme que soy una puta insaciable, llename con tu
pito, siii ufff, uuffff, si cogeme ahhyyy. Y mi tío decía: -Si, seguite moviendo
así, putona, zorra, conchuda, que te viene de familia, eres igual a tu tía de
caliente, puta insaciable, que caliente tenes la concha, cuantas pijas té habrás
comido, hija de puta, hasta a tu padre té habrás volteado, yegua, siiiiiii,
asíííííí, movete más, que cerradita que la tenés, te voy hacer un hijo, te voy a
llenar esas tetas de leche, para chupartelas toda, ¿me vas a dar un hijo?, ¿Eh?,
¿Me vas a dar la teta?. Y ella le respondía: -Siiii, haceme tuya, reventame la
concha a pijasos, te voy a dar todo lo que quieras, pero seguime cogiendo, no me
la saques, acabá dentro de mí que quiero recibir toda tu lechita en mi conchita.
Mi tío le abrió las piernas y empezó a bombearla más fuerte,
ella lanzaba gritos y gemidos, siiiii, llename con tu leche, cogeme, dale,
apúrate que esta por venir mi hijo o la cornuda de tu mujer, sii, uff, hahhh,
sii, asiii, siii.
Hasta que Roberto sacó su verga y por fin se corrió dentro de
mi madre y le embarro su leche en su cara y tetas.
Mientras le refregaba su pija por las tetas y los pezones de
mi madre, aproveché para irme por donde vine, lamentablemente no tuve tiempo ni
para hacerme una paja, me fui a caminar por la playa, hasta que no aguante más
el dolor de huevos y me metí al mar para masturbarme recordando lo que había
visto.
Regrese recién para la hora de la cena, y por supuesto,
ninguno dio señal de lo que había pasado.

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