A los dos meses de haber regresado de
esa pesadilla, la conducta de mamá cambió, estaba retraída de los
quehaceres de la vida hogareña, alterada, constantemente distraída; si
bien hacia mí estaba mucho más cariñosa, el comportamiento con papá era
distante, lo que provocaba que él se sumergiera profundamente en su
trabajo.
Por la tarde, cuando sonaba el teléfono
ella se apresuraba a atenderlo y algunas veces luego de contestar la
notaba nerviosa, era en esas ocasiones que pasaba la comunicación a su
dormitorio y se encerraba con llave para tener privacidad. Nunca supe
quien la llamaba, aunque lo sospechaba con temor.
Llegó el mes de julio y llegaban mis
quince días de vacaciones invernales, la idea que teníamos con papá era
ir a un lugar cálido para alejarnos del frío reinante, pero mamá nos
sorprendió queriendo ir a la casa de la costa, alegando que ellos
necesitaban descansar y pasar más tiempo solos para reencontrarse como
pareja y que dado mis bajas calificaciones me vendría muy bien la
soledad de la costa para estudiar y alcanzar el nivel de mis
compañeros.
La sola idea de encontrarnos con el loco
me heló la sangre y a pesar de mis múltiples berrinches y protestas, no
logré disuadirlos de ir a la costa.
"Amor, como tengo mucho laburo en la
oficina, puedo tomarme solo una semana y para que no pierdan días mejor
llévense el auto, total a la semana me subo a un ómnibus y estoy con
ustedes", dijo papá. Mamá aceptó encantada.
Llegamos a destino, bajamos el equipaje
del auto, prendimos la calefacción y antes de acomodarnos, pasamos por
un hipermercado a comprar los víveres para la quincena. De regreso,
miraba para todos los lados tratando de divisar al loco, pero por suerte
ni noticias.
Cenamos temprano y antes de acostarnos,
nos bañamos, mamá lo hizo en primer turno y a mi salida del baño, la
encontré fumando y mirando por el ventanal de su habitación, vistiendo
una musculosa blanca tipo top, calzas grises que se le pegaban como una
segunda piel, toalla en la cabeza a modo de turbante y unos zoquetitos
grises con voladitos a la altura de los tobillos.
Al notar mi presencia, tomó mi mano y
llevándome a mi habitación, me acostó y se quedó un ratito conmigo
acariciándome la cabeza y procurando que me durmiera. Cuando fingí el
sueño, regresó a su ventanal y permaneció allí por más de media hora. Me
asomé a mi ventana, con más miedo que sigilo busqué sin éxito al
vagabundo. Recuerden que las dos habitaciones están pegadas y en el
exterior los ventanales de cada cuarto dan al mismo balcón grande de
madera que los une.
A la mañana, luego de desayunar, mamá
salió a correr por la playa con pañuelo rosa en la cabeza a modo de
bandana y un jogging de algodón, en tanto yo jugaba en mi habitación.
Transcurrida una hora de su partida, salí al balcón a buscarla, cuando
percibí un movimiento llamativo entre las plantas que rodean a los
árboles ubicados a un costado de la casa, entre ésta y el mar.
Agudizando mi vista, noté como el loco
sujetaba a mamá y la besaba. Sus manos intentaban desvestirla, le
acariciaba con fervor las tetas con una mano y con la otra le sobaba el
culo.
Mamá estaba en crisis catatónica como
yo, sin saber qué hacer, presos del miedo, pero el loco sujetándola por
los hombros y haciendo fuerza hacia abajo la puso de rodillas,
aprovechando esa posición, bajó sus andrajosos pantalones dejando a la
vista su descomunal verga en erección y la obligó con violencia a
mamársela.
Su miembro era tan grueso que la
circunferencia de una de las manos de mamá no podía encerrarla
completamente, necesitaba de las dos para tal cometido.
Con esfuerzo pudo meterle su glande en
la boca y ella lo pajeaba con las dos manos. El loco le tiraba la cabeza
hasta que la nariz de ella chocaba con el vientre de él, y con la otra
mano le tapaba la nariz, cuando producto del ahogo ella abría al máximo
la boca, aprovechaba para introducirle más centímetros de verga. Luego
de unos segundos, se la sacaba y con el garrote de carne venosa en mano,
la cacheteaba hasta que volvía a abrir la boca y repetía los pasos
anteriores.
La estaba cogiendo por la boca sin
piedad. Esto duró hasta que por las comisuras de los labios de mamá
escapó un líquido blanco, grumoso que escurrió hasta su cuello; tomando
la verga a modo de cuchara, el vagabundo juntó toda la guasca desbordada
y la obligó a tragársela.
Limpió su pito con las tetas, se subió los pantalones y diciéndole no sé qué cosa, el desalmado se marchó dejándola tirada.
Pasados unos minutos, ella borró el
enchastre de leche y babas de su cuerpo con el pañuelo rosa, dejándolo
tirado; recompuso sus prendas como pudo, entró a la casa y sin decir
palabra se dirigió a la ducha.
Movido por un extraño deseo, corrí hasta
el empapado trapo olvidado, el cual guardé como botín de guerra detrás
de mí armario. Al reparar que mis dedos quedaron pegajosos y con un olor
raro, sentí unas cosquillitas en mi panza.
Por la tarde mamá estaba nerviosa pero
contenta, ella no dijo nada del incidente ocurrido en los árboles y no
me animaba a preguntarle. Estaba aterrado, no salí en todo el día de mi
cuarto, solo bajé para ayudar a preparar la cena.
A la hora de poner la mesa, me sorprendí porque puso tres platos.
"¿Viene papá, mami?" pregunte.
"La semana que viene, amor" me contestó.
Esto me dejó paralizado, era como si al
momento de terminar de escuchar la voz de mi madre, mis pensamientos y
miedos no me dejaran mover y el corazón quisiera escaparse de mi cuerpo.
Ella se percató de mi reacción y
acariciándome la cara me respondió: "No te preocupes, que no va a
pasarnos nada malo, seguí poniendo la mesa que voy a cambiarme."
Cuando el reloj marcaba las 21:30 hs.
mamá bajó las escaleras luciendo un vestidito rojo largo hasta la mitad
de sus muslos, de mangas cortas, cuello drapeado y muy ajustado a su
cuerpo, denotando en sus pechos unos pezones bien en punta ya que no
llevaba brasier. Zapatos de tacón alto color negros, bien en punta; su
boca pintada de rojo carmín y el resto de la cara un maquillaje
superficial, además de un rico perfume. Una hermosura.
A los pocos minutos llamaron a la puerta y mi madre fue a abrir.
Los ojos se me escaparon de las orbitas
al ver entrar al loco, quien con naturalidad besó de lengua a mi madre y
caminando a la mesa me dijo "¿Cómo estas pendejo? ¿Me extrañaste?..."
Todo harapiento y sucio se sentó a la mesa, ni siquiera se lavó las manos.
"¿Qué hace acá mamá este señor?" dije indignado.
Mamá se arrodilló para ponerse a mi
altura y tiernamente me explicó: "Verás hijo, es que... sos muy chiquito
para entender, pero mamá tiene necesidades...".
El loco en un tono burlón agregó "Mamá necesita un macho".
"No le hagas caso hijito, es un bruto
pero no es malo... además mamá necesita algo que él tiene y que papá no
me puede dar… me es difícil de explicártelo. Lo único que te pido es que
no le cuentes nada de esto a tu padre, él tal vez entienda menos que
vos y lo haría sufrir mucho, y no me gustaría dañarlo, lo amo con todo
mi corazón, como a vos".
"Yo tampoco quiero ver sufrir a papá" fueron las únicas palabras que pude pronunciar.
Llenándome de muchos besos, mami me abrazó fuerte.
Comiendo un pan, el hombre la ayudó a
incorporarse y guiñando un ojo dijo "Nene, antes del postre te vas
rápido a tu camita, así dejas tranquila a mami comer mi natilla jajaja".
Apenas pude meter bocado a mi boca, no
puedo decir lo mismo de él, que comía y tomaba vino como si no existiera
un mañana. A todo esto, mamá no me quitaba la vista de encima.
Sin decir nada y abruptamente el loco se
levantó diciendo "Ya está bien, vamos para la pieza". Mami me acompañó
hasta mi cuarto y en la escalera, soportó sin soltarme la mano, como él
le zarandeaba las nalgas.
Ya en la cama, mamá me arropó y besó
como todas las noches "Voy a estar bien, tranquilo, dormí. No te alarmes
si escuchas algunos ruidos, es que vamos a... jugar. Te enciendo la
radio para que no escuches nada, te quiero precioso". Y se fue cerrando
mi puerta hacia su habitación, en donde la esperaba el loco.
¿El tipo éste la estaría amenazando con
algo? ¿Lo haría por propia voluntad? Me preguntaba al vestirme
abrigadamente para salir al balcón con mucha precaución de ser visto y
no perderme detalle de lo que acontecía en el cuarto de al lado.
Me acomodé en diagonal al ventanal de mamá, cubriéndome con una manta, como veía que hacían los soldados en la TV.
El loco estaba desnudo tirado en la
cama, sujetándose con ambas manos su verga y ella cerca de la puerta
haciéndole un strip tease.
Cuando dejó caer el vestido, él se le
abalanzó diciéndole "Me tenés muy caliente, nunca tuve una mujer como
vos, Ya pasaron varios meses, no doy más, te voy a dejar los agujeros
como una gruta", sus manos se perdían en las tetas de mamá, las
estrujaba con fuerza, tanto que dejaba marcas rojizas en los
blanquecinos senos. Bajó su cabeza para chuparlos rudamente, hasta donde
yo estaba se escuchaban los sonidos del chupeteo. Mamá se tomaba las
tetas por los costados como elevándolas y con la cabeza hacia atrás, se
pasaba la punta de la lengua por los labios.
Iba de un pecho al otro, mordiéndolos,
lamiéndolos, apretando con sus labios los pezones tiraba de ellos,
provocándole gemidos a ella. Sin desprenderse de los pechos, le rompió
la tanga, y quedó a la vista su depilada vagina, dejándola vestida
solamente con los zapatos de tacos altos.
"Perra, te la depilaste como te ordené, me gusta que seas obediente" le decía introduciéndole varios de sus dedos en su vulva.
¿Cuándo se lo habría ordenado? ¿Mientras
la forzaba a que lo mamara en los árboles? ¿O acaso sería él quién la
llamaba por teléfono? Esas dudas tomaron por asalto mi cabeza.
Entre tanto, ella se dejaba caer contra
la pared arqueando las piernas y con sus finas manos de madre y esposa
abría sus labios vaginales para facilitarle el acceso a los dedos
morcillones de él.
Desprendiéndose de uno de los pechos de
mamá al tiempo que se escuchaba un “CHUACK” le dijo "Tenés la raja
cerrada, se nota que el cornudo no te llena..."
Pesadamente cayeron en la cama, él sobre
ella, besándola en la boca "Bésame como hembra, méteme la lengua bien,
quiero sentirla en toda mi boca" le exigía el loco con cachetadas en la
cara, a lo cual ella accedió con besos más profundos, su lengua se movía
frenéticamente dentro de la de su macho, jamás la vi besar de tal forma
a mi padre.
El ruido de sus besos me volvía loco, me enardecían.
El tipo se deslizó hasta los pies de la
cama y ella abrió bien las piernas para agasajarlo con su concha, y en
ella hundió la nariz, con sus labios tironeaba de sus labios vaginales,
la penetraba con su lengua. De la vagina de mami asomó como un pitito
que el loco chupaba con devoción y cuanto más succionaba, más deliraba
ella.
Por momento las lamidas vaginales eran
lentas y en otros eran desaforadas. En las lentas, mamá se desesperaba y
entrelazaba sus dedos a los cabellos de él, pidiendo que moviera su
lengua a más velocidad.
"¡Siii, oh, siiiiiiiiiii! ¡Ahhhhhhhh! La
tengo abierta como una flor... ohhhggg... ¡Uhhh!" gemía ella poniendo
los ojos en blanco y sonriendo maléficamente.
El hombre se bajó de la cama y de pie
apuntó con su monstruosa verga a la boca de mamá, quien sentada en la
cama, sujetó con una mano el miembro viril por la base y con la otra le
masajeaba los testículos.
Ver de cerca como esos suaves labios
pintados de carmín, besaban el glande tan tiernamente y dejaban la marga
de su rouge, ver como se acomodaba el pelo detrás de una oreja para que
no le molestaran los cabellos en la boca, y escuchar esos "¡Mmmmmmmm!"
ahogados de mi madre, me pareció una escena de entrega amorosa en lugar
de forzada.
La cabeza de esa poronga era del tamaño
de una ciruela y abriendo lo más que pudo las fauces se la tragó; él
estaba pasivo, ahora era ella quien trabajaba. La cabeza de mamá iba y
venía y con cada movimiento sacaba su lengua roja y la acomodaba por
debajo de la verga, cual alfombra de bienvenida, deglutía y extraía de
su boca un gran trozo de carne.
Lamió toda la extensión de la pija, su
boca jugó con sus huevos, frotó con uno de sus puntiagudos pezones el
orificio uretral, llevándolo al paroxismo.
Con asombró escuche a mamá decir "Degenerado, hijo de puta, me estas convirtiendo en una trola, ¿Eso querés de mí?".
"Siiii, trola divina me vas hacer
acabar" le dijo él acostándola. Acto seguido acomodó los tobillos de mi
madre sobre sus hombros y le apuñaló la indefensa concha con su verga,
enterrándola profundamente, haciéndola gritar "¡Pará guacho de mierda!
Despacito, despacito que tenemos toda la noche, ¡Me estás haciendo
mieeeerda!".
Cegándose de risa y pellizcándole las
tetas, bombeaba cada vez más rápido, sin prestarle atención al nuevo
pedido de ella "Lento, más lento que es muy grande".
En la habitación se escuchaba el sonoro PLAF PLAF PLAF del choque de los testículos contra el redondo culo de mi madre.
El inclinó su cuerpo para besarla, y ella entrelazando su lengua a la de él, comenzó a acoplarse a su ritmo.
Las estocadas eran violentas, se la
metía toda hasta el fondo, hasta chocar pubis contra pubis. Esa vagina
haciendo desaparecer totalmente el venoso garrote viril, fue el mejor
acto de magia visto.
Mamá con los dedos de sus manos intentaba aumentar la abertura vaginal.
El loco preguntaba "¿Quién te coge mejor, el picha corta del cornudo o yo? ¡Dale putita, contesta!".
"¡VOOOOOOOOS! pero por favor sácamela un poco que me rompes" exclamó la femenina voz.
"Cométela toda mi vida, así, abrite bien
que quiero preñarte, quiero verte con las ubres llenas de leche y que
tu argolla escupa un guacho mío".
Escuchar esto logró hacerme llorar a moco tendido.
Ella intentaba quitárselo de encima, lo
golpeaba de puño, pataleaba, pero con la verga enterrada hasta el fondo
se le complicaba escapar "Tengo marido, es una locura" le rogaba.
"Nena vos ya sos mía, no voy a dejarte,
ni permitir que nadie se interponga entre nosotros. Sé que tenés marido,
ese cornudo va a mantenernos, ya vas a ver" le respondió el loco
enigmáticamente mientras eyaculaba todo el caudal de leche de sus huevos
en la profundidad de la vagina de mi madre.
"Me estas llenando de leche..." dijo ella.
"No es nada comparado con la que te va a salir de las gomas cuando de esta guasca nazca nuestro bebé" acariciándola le contestó.
El loco estuvo varios minutos tirado sobre ella sin sacarle su miembro, deleitándose con las ya marcadas tetas de mamá.
Una especie de PLOP se escuchó cuando ella extrajo la picha de su interior.
"No te olvides de dejármela reluciente, amor" le indicó él.
Acatando la orden, mi madre chupó y tragó los restos de semen y flujo del pito de su amante.
Por varios minutos se besaron y mimaron
mutuamente, hasta que ella se levantó diciendo "Cuando salga del baño
voy a ver a Damián, espero que esté durmiendo y no haya escuchado nada".
Volví a mi cama simulando que dormía.
Aprovechando que mamá no estaba, él
depravado entró a mi cuarto y susurró "Espero que la leche vertida en la
argolla de tu madre se transforme en un hermanito para vos" y riendo
volvió a su cama.
Cuando ingresó mamá, lo hizo descalza y
envuelta en un toallón, se sentó en la cama a mi lado, acaricio mi
frente y me besó. Con el beso advertí un aroma a agrio que expedía su
boca. Luego de unos minutos regresó con el monstruo.
Ya no tenía fuerzas de seguir espiando, preferí dormir y esperar al otro día.
Al despertar, creí que todo había sido
una pesadilla, pero cuando bajé a desayunar y vi a mamá en bata servirle
el desayuno a esa bestia de persona que tenía la desfachatez de llevar
un short y remera que eran de mi padre, me atropelló la cruel realidad.
"¿Te despertaste amorcito? Ya estaba por subirte el desayuno" me dijo mamá.
Sin decir palabras, me limité a tomarlo.
El loco esperó a que mami se alejara un
poco para susurrarme "Menos mal que anoche te llevaste una frazada para
no cagarte de frio jajajajaja. Sabrás que vas a tener un hermanito,
quieras o no y mejor que quieras… no me lo arruines, porque despedite de
tu papá. ¿Entendiste renacuajo?"
Noches como la descripta se reiteraron
toda la semana en cualquier horario, parecían una pareja de recién
casados, no salían de la casa para nada. Fue un calvario para mí.
"Damy, llamó papá y dijo que mañana
viene. Cuando regresé le vamos a decir que Manuel (Ah!, me olvidaba
comentarles que en esa semana me enteré que el loco se llama así) es
albañil y que viene de vez en cuando para arreglar el frente de casa.
¿Te parece chiquitito mío?" melosamente dijo.
"Lo que digas mami" respondí lánguidamente.
A lo cual mamá acariciándome la barbilla me animó diciendo "Este es mi hombrecito".
“¿Y yo que soy?” preguntó Manuel.
Mamá sin pensar respondió “¡¡¡Mi hombre…!!!”, cuando recordó que yo estaba presente, se ruborizó.
“Ojito pibe con contarle a tu padre como me garcho a la yegua de tu madre, ni se te ocurra” me amenazó el loco.
Con la llegada de papá Manuel estuvo
tres días sin aparecer, esto logró que recobre mi alegría y que mis
esperanzas a que de una vez por todas desaparezca de nuestras vidas,
recobraran fuerzas. Pero todo duró poco.
Antes de almorzar Manuel se hizo
presente en casa y fue presentado por mami a mi padre: “Él es Manuel, el
albañil que te he comentado querido”.
“Cristina me ha comentado que usted trabaja muy bien, que ha hecho maravillas” elogió mi padre a Manuel.
“Nadie maneja el fratacho como yo…” ironizó el loco.
“Lo veo un poco maltrecho buen hombre,
parece que no está pasando un buen momento económico. Tengo algunas
pertenencias que le pueden ser útiles” dijo papá.
“Lo sé, y ya las estuve utilizando, su mujer fue muy amable en entregármelas” respondió Manuel.
“Ahhh, ¿Ya le regaló algunas prendas mías? Me alegro, porque ya no las uso más” dijo papá.
“Usted no sabe lo que se pierde señor,
porque están muy buenas, hay que amoldarlas un poco, pero al usarlas no
dan ganas de dejarlas” expresó el loco.
Manolo a la vista de papá hacia que trabajaba la pared, pero a escondidas se trabajaba a su mujer.
Cuando mamá pasaba al lado del
“albañil”’, el tipo la manoseaba a voluntad y si yo estaba presente,
ella con un dedo en los labios me pedía silencio.
Una tarde, papá se quedó en la playa
tomando sol y leyendo el diario, Manolo, ni lento ni perezoso, llevó a
mi madre al balcón, le levantó la pollera, le corrió la tanga y se la
fifó por detrás, ella sujetándose de la baranda recibía los fuertes
pijazos. Por suerte mi padre estaba de espaldas al balcón y no vio nada,
pero a ellos pareciera que le excitaba de sobremanera, esta escena.
Cuando acabó el loco le puso una especie
de trapo en la vagina, a modo de tapón, le acomodó la ropa y le ordenó
que ni se le ocurra limpiarse.
Pero lo más morboso y desagradable que
viví en esa semana fue cuando una noche, de madrugada, se coló el loco
borracho por mi ventana y enseñándome un cuchillo, me obligó a ir a la
habitación de mi madre sin despertar a mi padre y llevarla sin decirle
nada a mi cuarto.
Cumpliendo lo ordenado con mucho sigilo
la desperté y le mentí diciendo “Mami, mami, maaaaa, porfa podes venir a
mi cuarto, tengo que mostrarte algo, dale. No despiertes a papá que me
da vergüenza”.
Cuando mamá llegó y vio a Manolo
completamente en bolas acostado en mi cama y con la verga tiesa
apuntando al techo, casi se desmaya de la sorpresa.
“¿Qué haces en la habitación del nene hijo de puta?” consternada le preguntó.
“Te estoy esperando mamita. Desnudate y chúpame un poquito la pija” el loco contestó.
Mamá horrorizada dijo “¡¿Eh?!, ¿Vos estás loco? No delante de mi hijo”.
“No te hagas la santa y ponete en bolas
porque sino despierto a tu marido y se pudre todo, me importa todo tres
carajos. ¿Entendiste?” dijo Manolo levantando el tono de voz.
“Por favor cállate que lo vas a despertar, ok, lo hago pero no delante de él” suplicó mamá señalándome.
“Pendejo metete en el ropero y no salgas hasta que te avise, porque te cago a patadas” me ordenó él.
Me metí en el ropero, pero no cerré del
todo la puerta, dejé una abertura suficiente para no perder detalle, que
apañado en la obscuridad de la noche, pasaba desapercibida.
Al ratito, mamá dejó caer su camisón y
su tanga, su cuerpo desnudo se veía apenas iluminado por la luz plateada
de la luna que entraba por la ventana y remarcaba sus formas femeninas,
realmente la imagen era exquisita, cualquier hombre se sentiría
dispuesto a todo por ella. Lento pero a paso firme se encaminó hasta los
pies de la cama, y ahí se escurrió hasta que su boca pudo capturar la
pija la que chupó con calma.
El loco enardecía con cada lamida, la
serpenteante lengua de ella recorría cada centímetro de esa majestuosa
verga; cuando el hombre elevaba el volumen de sus gemidos, ella dejaba
de lamer para mordisquearle el glande tipo advertencia.
Pero al sujeto no le gustaba que le
pongan límites, era él quien impartía las reglas y para que quede claro,
con sus manos aprisionó la cabeza de mamá y con movimientos pelvianos
la penetró bucalmente.
Ella tosía y dejaba escapar una gran
cantidad de saliva, que él utilizó como lubricante y dejándola acostada
como estaba, boca abajo, Manolo se situó sobre los muslos de mi madre y
con sus piernas abrió las de ella para despejar la vía a sus agujeros.
“Ponete en cuatro que voy a hacerte el culo. Aflójate” le indicó el sujeto.
El loco le escupió el esfínter anal y acomodó su glande en la entrada para encularla.
Cundo al fin consiguió meterle la
cabeza, sujetándose de la diminuta cintura femenina, inició la cogida
anal, ingresando con cada estocada más centímetros de verga en el
pequeño orificio.
“Despacito, des-pa-ci-tooo, despaciohhhh, loco que me desgarraaas” imploraba.
Sin conmoverse por los ruegos, solamente
se detuvo cuando, la penetración fue total, diciendo “Ya la tenés toda
amor ¿La sentís? No sobra nada mmmmm”.
“Claro que la siento, me tenés empalada desgraciado ohhhhhhh” musitaba mordiendo las sabanas y agarrando las sábanas.
“Todos tus agujeros se tienen que
acostumbrar a la poronga de tu macho” al terminar de decirlo, el loco se
la sacaba sin que saliera el glande y se la volvía a enterrar hasta el
fondo cada vez más rápido.
Mamá se tapaba la cara con la almohada
para que sus gemidos no despierten a papá, quien plácidamente estaba
durmiendo en la habitación contigua.
El ogro la taladraba sin piedad.
Ella estaba desfallecida, gemía y abría la boca para tomar aire como un pez fuera del agua.
Se merecía ese sufrimiento por
entregarle la cola a un desconocido a pocos metros de su hijo y marido.
Lo que no me quedaba claro es si era sufrimiento o gozo, y en todo caso,
qué era lo que sentía yo, porque a pesar del disgusto y miedo una parte
de mí lo disfrutaba.
Mamá estaba entregada acompañando con su
cuerpo los movimientos de él, ya no se resistía. Estaba recibiendo a su
hombre en posición perrito pero con el culo en alto y el tórax, cara y
manos sobre la cama, similar a un musulmán rezando.
El olor a sexo y sudor inundaba mi habitación y el ropero en donde me encontraba.
Las penetraciones eran más y más duras,
estuvieron garchando por más de una hora, hasta que con un gemido
apagado y desplomándose sobre mi madre, el sujeto eyaculó todos sus
espermatozoides.
Cuando se la sacó del orificio anal caía el semen con tintes marrones. Su orificio estaba muy estirado y con forma de “O”.
A pesar del cansancio, él la besaba por todo su ser.
Cuando mamá se estaba por poner la
tanga, él se la quitó diciéndole “No putita, te quiero así de desnudita
durmiendo junto al cornudo, con el culo bien abierto y que el infeliz
huela mi lechada.
Con una sonrisa obedeció y se acordó de
mí “Dami, ya está, ya paso todo, podes salir hijito de ahí” me dijo al
tiempo que se tapaba las tetas con el camisón y la tanga que tenía en la
mano.
El semen infiel se deslizaba por el interior de los muslos y piernas.
El loco sin siquiera despedirse se escapó por donde entró.
Mamá sin vestirse y en absoluto silencio
me cambió las sábanas de mi cama, me colmó de besos y me arropó
diciendo “Gracias por comprender a mamá, cuando lleguemos a casa pedime
el juguete que quieras que te lo compro amorcito, pero a papi ni una
palabra.”
Cuando desperté recordé que ese día
volvíamos a casa y empaqué todas mis cosas con alegría, cuando estaba
por cerrar la valija me acordé de mi tesoro escondido detrás del armario
y fui a buscarlo, el pañuelo estaba rígido, como almidonado y con un
olor similar al de la agitada noche, lo guardé entre mis cosas para que
nadie lo encuentre.
Mientras estábamos acomodando el equipaje en el automóvil, apareció Manolo a cobrar los arreglos realizados.
“Manolo estoy muy contento con tus arreglos realizados” mi padre declaró.
“Gracias Sr., la verdad es que costó
tapar los agujeros del frente y el de atrás ni le cuento… Pero el
trabajo quedó muy bien” respondió el amante de mamá.
“Estuve hablando con Cristina y como
trabajó tan bien y acá en la costa usted se encuentra solo y
desempleado, y teniendo en cuenta que el portero de nuestro edificio se
está por jubilar en pocos meses, hemos decidido, siempre que lo desee
claro está, proponerlo a la administración para que usted lo reemplace;
no creo que haya problemas porque el director de la administración es un
primo mío, de esta forma va a tener trabajo y casa. ¿Qué le parece?”
dijo papá.
“¡Claro que acepto!, ¡Encantado de la vida!” masculló Manolo.
“Eso sí, espero que cuando sea portero y
haya que realizar algún arreglito en nuestro departamento, nos dé una
manito a la brevedad cuando se lo pidamos” con una caída de ojos le dijo
mamá.
“No se preocupe señora que a usted no le hará falta pedir nada, habrá trato preferencial jejeje” respondió Manolo.
Todo parece que este va a ser el comienzo de un gran infierno para mí… o tal vez el paraíso.®

Han pensando en continuar este relato? es de los mejores de la pagina a mi gusto
ResponderBorrarMarcel escribió una variante de esta historia.
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